Vacuna BCG: un arma poderosa contra la tuberculosis
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Vacuna BCG: un arma poderosa contra la tuberculosis Vacuna BCG: un arma poderosa contra la tuberculosis

A pesar de los múltiples esfuerzos realizados mundialmente para erradicar la tuberculosis, el problema persiste. Sin embargo, en los países o regiones donde la probabilidad de contraerla es muy alta, la vacuna BCG dada a los recién nacidos constituye una medida preventiva importante para reducir en un 80 por ciento los riesgos de desarrollo de la enfermedad en los niños.

La vacuna de la tuberculosis fue inventada por los epidemiólogos Albert Calmette y Camille Guérin, por lo que se llama también vacuna BCG (Bacilo de Calmette y Guerin). Los científicos franceses comenzaron sus investigaciones en 1906 y las concluyeron quince años más tarde, en 1921, venciendo los obstáculos de la Primera Guerra Mundial.

La vacuna consiste en un preparado en el que se usan bacilos de tuberculosis (de Koch) atenuados (atontados), incapaces de provocar la enfermedad, pero capaces de estimular las defensas del cuerpo. Esta vacuna se coloca con una inyección en el hombro derecho de los niños, y da una protección parcial contra la enfermedad.

El bebé debe ser vacunado poco después de nacer, antes de salir del hospital de maternidad. La BCG no evita la infección tuberculosa, lo que hace, en caso de infección, es favorecer el control de la enfermedad en un 80 por ciento. Es decir, a pesar de sus limitaciones, es muy importante porque evita que el bacilo de Koch -germen causante de la tuberculosis- se disemine por la sangre a todo el organismo. Si esto sucediera, puede producir, por ejemplo, meningitis, enfermedad que puede llevar a la muerte o dejar secuelas muy graves en el organismo.

Alrededor de la mitad de los hijos de madres afectadas por tuberculosis activa desarrolla la enfermedad durante el primer año de vida si no reciben tratamiento con antibióticos o si no se los vacuna. En los países como Estados Unidos o Canadá, donde la tuberculosis se encuentra bajo control no se aplica la BCG de manera sistemática a los bebés. Por el contrario, en las naciones donde las condiciones de vida precarias exponen más a la difusión de la enfermedad, las autoridades sanitarias contemplan planes de vacunación obligatorios y gratuitos.

La mejor forma de prevenir la tuberculosis es detectar fuentes de infección y evitar el contagio de la población. Si se lograra diagnosticar y tratar a tiempo a todos los enfermos, se erradicaría el mal y no haría falta vacunar. Por el momento, un buen plan de control de la tuberculosis debe incluir los planes de vacunación al recién nacido, y la búsqueda y tratamiento eficaz de las fuentes de infección.

La BCG y su aplicación

Para que la eficacia de la vacuna sea óptima, es preciso elaborarla siguiendo las normas de la OMS, efectuar los controles de calidad específicos, conservarla de forma adecuada y administrarla en dosis suficientes por vía intradérmica.

Según figura en las normas del Programa Nacional de Control de la Tuberculosis, en la Argentina, deberá ser vacunado con la BCG todo recién nacido a término, cualquiera sea su peso, y todo niño prematuro con 2 kg. o más, antes del egreso de la maternidad. Se prevee una revacunación (y última) a todos los niños al ingreso escolar, sin prueba tuberculínica previa.

La vacunación está contraindicada en caso de:

  • Enfermedades con grave compromiso del estado general.
  • Niños con afecciones generalizadas de la piel.
  • Enfermedades infecciosas (especialmente sarampión y varicela).
  • Inmunodepresión congénita o adquirida. Ejemplo: Wiscott Aldrich, VIH (+) sintomático, afecciones proliferativas malignas, etc.
  • Tratamiento prolongado con esteroides o drogas inmunodepresoras (cuando se administran por un mes o más, debe ser consultado con un especialista).

Una vez superadas estas circunstancias se debe realizar la vacunación. No existe inconveniente en administrar simultáneamente la vacuna BCG con otras vacunas.

La dosis a administrar es 0,1 ml en todas las edades, a pesar de lo que pueda indicar el prospecto. La aplicación correcta de la vacuna se hace en la línea media de la cara externa del brazo derecho y requiere de una técnica y preparación especial para lograr su efectividad.

Habitualmente la lesión de la vacuna evoluciona de la siguiente forma: la pápula de aspecto puntiagudo como cáscara de naranja que se produce en el momento de la vacunación desaparece rápidamente. A partir de la segunda semana comienza a desarrollarse en el lugar un pequeño nódulo que llega a su máximo tamaño (alrededor de 10 mm) hacia la cuarta semana, en la que aparece una costra que luego se desprende dejando una pequeña úlcera. Esta puede supurar hasta dos o tres meses, al cabo de los cuales queda una cicatriz plana y blanquecina, ligeramente deprimida, de 4 a 7 mm de diámetro.

Debe mantenerse la limpieza de esa zona con agua y jabón. No deben aplicarse antisépticos ni apósitos. Tampoco deben hacerse curaciones que entorpezcan la evolución normal de la vacuna. En algunas circunstancias, la cicatriz puede elevarse ligeramente por encima del plano de la piel, constituyendo la denominada cicatriz hipertrófica.

Efectos adversos

En general, las complicaciones son regresivas, sin secuelas. Los factores más frecuentemente responsables de estas complicaciones son defectos en la técnica de aplicación: mayor profundidad de la inyección o exceso de dosis.

Las variaciones de la evolución normal de la lesión de la vacuna más comunes y que pueden producir molestias son: úlcera grande y/o persistente y absceso; adenopatías locales (pueden ser axilares y/o supraclaviculares, del mismo lado de la vacunación); cicatriz queloide (dura y prominente). La mayoría evoluciona espontáneamente, pero ante cualquier duda consulte al médico.

¿Qué diferencia existe entre la prueba de la tuberculosis y la vacuna de la tuberculosis?

Mucha gente confunde la vacuna y la prueba de la tuberculosis. Existen diferentes procedimientos para realizar el examen de la tuberculina; sin embargo la prueba normalizada por la OMS en 1964 y admitida para su uso general es la intradermorreacción de Mantoux. Básicamente consiste en la inyección intradérmica de la PPD (Proteína Pura Derivada del bacilo) en la cara anterior del antebrazo. La PPD es un machacado de microbios muertos que se usa para saber si una persona ha estado alguna vez en contacto con el microbio de la tuberculosis. Su resultado se lee entre las 48-72 horas. Se dice que una prueba es positiva cuando el punto de la inyección se vuelve rojo y se endurece por más de 10 milímetros (un centímetro). Esto sucede cuando la persona tiene o tuvo el microbio de la tuberculosis.

La excepción la constituyen los sujetos vacunados con BCG, en los 10 años anteriores a la prueba, en los que se considera positiva la induración mayor o igual a 14 mm.

En los pacientes con infección por el VIH, independientemente de si están o no vacunados con BCG, toda induración igual o mayor de 5 mm se considera positiva.

Pacientes con tuberculosis pueden tener una reacción de Mantoux falsamente negativa en situaciones en las que existe cierto grado de inmunodepresión, especialmente en pacientes infectados por el VIH. En estos casos el profesional recurre a pruebas complementarias para el diagnóstico.

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