Enfermedades cardiovasculares en niños
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 Enfermedades cardiovasculares en niños Enfermedades cardiovasculares en niños

Según el Doctor Claude Yanaret, Pediatra de la Organización Sanitas Internacional, los problemas de corazón en los niños pueden ser detectados desde la decimoctava o decimonovena semana de embarazo, aunque hay casos que es posible apreciarlo desde la decimotercera.

De esta forma, los médicos pediatras serán quienes tendrán a su cargo la tarea fundamental de detectar síntomas o signos de probable origen cardiovascular, contando para ello con las herramientas tecnológicas que hoy en día complementan la tarea del profesional. Con estas nuevas posibilidades, puede conocerse de manera temprana la presencia de ciertas enfermedades que dificultan las funciones del corazón, de las arterias, la circulación y demás componentes del sistema cardiovascular del niño.

Es durante la gestación y en los primeros dos o tres años, que se establecerán ciertos mecanismos biológicos que nos acompañaran a lo largo de la vida. De allí la necesidad del papel del pediatra en la atención del recién nacido.

Se debe tener en cuenta que durante los primeros días de vida se desarrollan los cambios más importantes en el aparato cardiovascular infantil, al tener que adaptar su circulación intrauterina a la vida fuera del vientre de la madre. Es por ello que resulta fundamental conocer y seguir esos cambios que se producen y que se conocen a través de exámenes médicos, los que tendrán en cuenta peso, talla, edad, la manera de alimentarse del bebé, la respiración, el nivel de actividad física, la presencia de dolores o dificultades articulares, los resultados de estudios de diagnóstico y la consideración de los antecedentes hereditarios, como así también las características de la salud de la madre durante los meses de embarazo.

En general, las cardiopatías congénitas resultan ser las patologías más comunes. A través del reconocimiento clínico, de los electrocardiogramas, radiografías y la correcta valoración funcional del corazón, se podrá tratar rápidamente el caso concreto de insuficiencia cardíaca, así como evitar una alarma excesiva por el hallazgo de un suave soplo en el que no está comprometida gravemente la salud de ese niño.

De todas formas, es oportuna la actuación de un especialista en el tema, quien de manera conjunta con el médico clínico determinará las medidas subsiguientes y la concreta importancia de los signos y síntomas encontrados. El riesgo de enfermedad cardíaca congénita no es alarmante. Adquiere, si, mayor incidencia si un familiar directo, o más de uno, es afectado por ésta patología.

Debe tenerse en cuenta, en estos casos, que las conclusiones dependerán de los especialistas y sobre la base del tipo de antecedente en cuanto a la cardiopatía preexistente familiar.

Las causas

Algunas de las causas de las enfermedades cardíacas congénitas, más allá de la herencia, son los factores genéticos, los ambientales -como radiación, infecciones, drogas-, diabetes, lupus y síndrome de Down, entre otras.

Las tipologías más frecuentes de cardiopatías congénitas pueden clasificase en acianóticas y cianónitas, aunque hay otras menos frecuentes.

Para dar una explicación simple y poder comprender el tema, tengamos en cuenta que el corazón es un músculo que bombea sangre al cuerpo. Está dividido en cuatro partes huecas llamadas cámaras (dos aurículas y dos ventrículos). Una aurícula y un ventrículo están ubicados del lado derecho del corazón, y los otros dos en el lado izquierdo. Dentro del corazón hay cuatro válvulas –aberturas unidireccionales- que permiten a la sangre circular únicamente en una dirección (entrando o saliendo).

La sangre va del corazón a los pulmones, donde recoge el oxígeno necesario para el cuerpo, en donde toma un color rojo brillante y regresa al corazón. Este, luego, bombea la sangre a través del cuerpo a través de las arterias. Conforme el oxígeno es usado por los tejidos y los órganos del cuerpo, la sangre vuelve oscura y regresa por las venas al corazón, donde el proceso comienza de nuevo, una y otra vez.

Las anomalías congénitas pueden impedir que este proceso se desarrolle correctamente y en menor o mayor grado afecte las capacidades del niño. Algunos bebés o infantes con anomalías en el corazón no presentan síntomas. Otros pueden presentar un sonido anormal en la auscultación –denominado normalmente soplo- los que pueden ser "inocentes" o "funcionales". Otra posibilidad es la existencia de un incorrecto desarrollo de los tejidos del corazón.

En algunos casos estas patologías impiden que el corazón bombee la sangre adecuada a los pulmones o a otras partes del cuerpo, lo que puede causar insuficiencia cardíaca. El niño afectado sentirá palpitaciones y dificultades para respirar. Otras veces puede suceder que las manifestaciones no se hagan evidentes hasta la adolescencia o la edad adulta.

Tratamiento y prevención

Dependiendo del caso, las diferentes patologías pueden ser tratadas clínicamente, con atención médica y farmacológica o, en casos más comprometidos, tener que intervenir quirúrgicamente, ya sea con prácticas reparadoras, paliativas o transplantes. La ciencia actualmente permite la implementación de técnicas cada vez más aplicables y con mayores posibilidades para la cirugía, pudiendo ser realizadas en recién nacidos, lactantes, niños en la primera o en la segunda infancia.

Algunas de las patologías cardiovasculares, a modo informativo, son, como se ha explicado anteriormente, las cardiopatías congénitas, la endocarditis infecciosa, la miocardítis, la pericarditis, la insuficiencia cardíaca, la hipertensión arterial en la infancia, y otras relacionadas o no con las anteriores. Cada una presentará una sintomatología particular en el niño y deberá tratarse también de manera específica.

Los especialistas remarcan la importancia de las visitas periódicas al médico, los buenos hábitos de vida y el tener en cuenta los antecedentes familiares.

La correcta alimentación, la actividad física y otras medidas preventivas son factores modificables que mejorarán la calidad de vida al llegar a la madurez. El antecedente familiar es un factor de riesgo sencillo de identificar, sin costo alguno y que si se tiene en cuenta desde la infancia puede neutralizar aquellos otros factores con que venimos al mundo. De allí la importancia de la atención y el seguimiento médico, tanto sobre la madre, desde la gestación, como del niño, desde el momento en que nace y durante todo su desarrollo hacia la edad adulta.

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