Flujo vaginal: indicios personales
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Indicios personales Flujo vaginal: indicios personales

Las secreciones vaginales son uno de los motivos más frecuentes de consulta ginecológica. Sus características varían, dentro de los parámetros considerados normales, de una mujer a otra, y en una misma mujer, dependiendo del momento del mes y también de la etapa de la vida. Otras veces, los cambios en el aspecto y la cantidad del flujo vaginal son síntomas de alguna patología que requiere tratamiento médico. Ante la duda, lo mejor es recurrir al especialista.

Normalmente el flujo vaginal está compuesto por una flora de microorganismos que se encuentran en equilibrio ecológico. Esta flora, en lugar de causar una enfermedad, suele proteger al cuerpo de los microorganismos patógenos.

Cada mujer tiene su percepción de lo que es su flujo normal. Hay algunas que naturalmente tienen un flujo más abundante que otras. Por otra parte, las características del flujo varían de acuerdo con los momentos de la vida. No son las mismas en la niña, en la adolescente, en la mujer adulta y en la menopáusica.

El flujo está compuesto por el exudado normal de la vagina más las secreciones del cuello del útero. Lo que determina la cantidad de flujo en una mujer u otra son los niveles hormonales de estrógenos y progesterona.

Ciclo menstrual y flujo vaginal

A su vez, en la etapa reproductiva de una mujer, el flujo normal durante la primera parte del ciclo menstrual -cerca de la ovulación- es cristalino, como clara de huevo. En la segunda parte del ciclo -previa a la menstruación- hay un flujo menos abundante, más espeso, oscuro y adherente.

Los especialistas explican que también sucede que los flujos vaginales anormales se manifiestan de manera exacerbada en determinados momentos del ciclo menstrual. Antes de la menstruación, cuando normalmente disminuye el Ph (el grado de acidez) del flujo vaginal, se crea un medio que facilita la proliferación de los hongos.

Debido a estos mecanismos del cuerpo, algunas mujeres con flujo anormal pueden creer que los síntomas han desaparecido -con lo cual no consultan al médico- cuando, en realidad, han cedido debido al momento del ciclo menstrual en que se encuentran.

Cambios sintomáticos

Cuando hay cambios notorios en el color, el olor, la consistencia, la cantidad del flujo, acompañados muchas veces por ardor, picazón (prurito), inflamación u otras molestias, estamos probablemente frente a un flujo patológico que se debe a alguna infección, a un mayor desarrollo de la flora endógena de la vagina.

Entre los flujos anormales muy característicos, genéricamente se menciona tres tipos:

  • Provocados por hongos: el de la cándida es uno de los más frecuentes. Es un flujo blanco y grumoso, como leche cortada, que da picazón y suele pegarse a las paredes de la vagina. Se exacerba en el período pre-menstrual.
  • Ocasionados por parásitos: los más típicos son las tricomonas, que pueden adquirirse por transmisión sexual, dan un flujo amarillo verdoso, que es más frecuente en los días posteriores a la menstruación. La vulva (los órganos genitales femeninos externos) puede estar irritada y dolorida y es posible que el coito produzca también dolor.
  • El flujo de la vaginosis bacteriana: se debe a la presencia de un germen llamado gardnerella, que se transmite sexualmente. El flujo es blanco grisáceo, tiene un fuerte olor fétido, como a pescado. La gardnerella asociada a otros gérmenes llamados anaeróbicos, produce lo que algunos autores llaman la catástrofe ecológica de la vagina. En estos casos se ataca a los anaerobios de los cuales se alimenta la gardnerella.

Otras causas de flujo anormal no son tan evidentes. Gérmenes como la clamidia, el micoplasma y el ureaplasma, muchas veces son asintomáticos. La clamidia produce una infección baja que puede ascender de la vagina y el cuello del útero hacia al útero y las Trompas de Falopio, produciendo infecciones altas que si no son bien tratadas pueden dejar secuelas de infertilidad.

La especialista también menciona al monococo como una bacteria de transmisión sexual, que da un flujo purulento. Puede localizarse en el cuello del útero y dar síntomas urinarios. El diagnóstico definitivo se logra a través del cultivo de la secreción.

Prevención, diagnóstico y tratamiento

Algunos factores ayudan o predisponen a una infección por hongos que habitualmente no son dañinos en la vagina. Dentro de la flora normal hay hongos y gérmenes en equilibrio, la toma de antibióticos puede romperlo, porque los antibióticos matan bacterias y gérmenes facilitando el desarrollo de una mayor cantidad de hongos.

Otras situaciones o factores que predisponen a contraer micosis vaginales son:

  • La diabetes
  • La inmunodepresión
  • El uso de toallas protectoras femeninas que tienen plástico, y aumentan el calor y la humedad de la zona generando un medio apto para la proliferación de hongos.
  • El uso de pastillas anticonceptivas pues altera el Ph de la vagina.
  • Una higiene excesiva de la zona vaginal, que suele eliminarlas defensas normales.
  • La utilización de distintos métodos anticonceptivos, por distintos motivos produce cambios en la flora. Esto deriva, en las mujeres con tendencia al desarrollo, de un germen característico.

El diagnóstico del flujo anormal en la mayoría de los casos se realiza clínicamente por la sintomatología referida por la mujer, al tener en cuenta el momento de aparición del flujo en el ciclo menstrual, por la inspección del flujo en el consultorio, y mediante algún test muy sencillo tal como la observación bajo microscopio de la secreción. En algunos casos se requiere un estudio de cultivo para obtener una mayor precisión en el diagnóstico.

En cuanto a los tratamientos, los especialistas consultados coinciden en que estos pueden ser locales, a través de la aplicación de óvulos y cremas, generales, es decir por vía oral, o una combinación de ambos.

Debido a que son frecuentes las infecciones mixtas, producidas por hongos y gérmenes a la vez, muchos de los productos que se utilizan para el tratamiento tienen acción bactericida y antimicótica simultáneamente.

El profesional es quien evalúa en cada caso si es necesario que la pareja de la mujer reciba también tratamiento, por lo general esto sucede sólo con algunos tipos de microorganismos o en infecciones recidivantes.

Siempre que haya un flujo rebelde al tratamiento hay que descartar que no esté asociado a una enfermedad como tumores ginecológicos que pueden producir secreción maloliente. Es muy importante que el ginecólogo indague y la mujer no deje pasar los síntomas.

El primer y peor error que cometen las mujeres cuando observan un cambio en el flujo vaginal es automedicarse. Se aplican un óvulo o una crema que tenían en casa y de este modo enmascaran el cuadro.

Los consejos de los profesionales para llevar un control del flujo vaginal son:

  • Prestar atención a cambios notorios en el color, consistencia, olor y cantidad del flujo vaginal, y a otros síntomas como ardor, picazón, inflamación. En todos los casos recurrir al médico sin automedicarse previamente.
  • Mantener una higiene adecuada de la zona vaginal: esto implica usar jabones neutros, nunca utilizar desinfectantes puros, ni limpiarse exageradamente. También es importante evitar la contaminación anal, es decir, nunca limpiarse de atrás hacia delante.
  • Preferir la ropa interior de algodón, y evitar el uso de pantalones ajustados. Siempre son mejores las prendas sueltas y aireadas.
  • Si se nota que las toallas femeninas ocasionan molestias, usar algodón.
  • Realizar los controles periódicos con su ginecólogo para hacer los chequeos de rutina. Ejercer una sexualidad responsable.
  • No compartir ropa interior con otras personas.

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