El SIDA en Argentina
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El SIDA en Argentina El SIDA en Argentina

A pesar de los tratamientos, cada día más efectivos, y las comprobadas medidas de prevención, la epidemia del SIDA sigue creciendo en la Argentina. El perfil epidemiológico se desplaza hacia los sectores de menores recursos y la mujer.

A Javier, de 42 años, le diagnosticaron la infección a comienzos de 1983, poco antes de que el virus fuese aislado y a poco de que se declarasen los primeros casos de SIDA en la República Argentina. "Era una época terrible -recuerda Javier-, había mucho miedo entre nosotros, los pacientes; además, como nadie sabía nada sobre el tema era muy poco lo que se podía hacer al respecto". Tras 17 años de ser portador del HIV, Javier ha sido un testigo cercano del desarrollo de la epidemia en el país.

Desde 1982, cuando se notificó en la Argentina el primer paciente con SIDA, el registro se lleva en el Ministerio de Salud. Los enfermos acumulados desde entonces y nada más que hasta el 15 de mayo de 2000, fueron más de 17.000 enfermos. De estos, 12.732 corresponden a hombres, 3.074 a mujeres y 1.214 a niños menores de 15 años.

Según uno de los informes oficiales más actualizados sobre el SIDA en la Argentina, En 1998 el total de defunciones por SIDA (1.673) representaron un 0,6 por ciento del total de muertes ocurridas por todas las causas en la Argentina, pero en el grupo de 14 a 44 años está proporción alcanzó un 6,8 por ciento entre los varones y 4,4 por ciento en las mujeres, ocupando el tercer y cuarto lograr, respectivamente, entre las causas de muerte más frecuentes en esa franja de edad. En 1997-98 los enfermos totales son menos que entre 995-96, sin embargo por la gran demora en la notificación es posible que esto cambie.

El SIDA es una epidemia que todavía está en crecimiento en la Argentina, y cuyo avance sigue acelerándose. Se estima que, actualmente, existen entre 120 y 150 mil personas infectadas en el país.

Hombres y mujeres frente al SIDA

Hasta 1990 las mujeres y niños enfermos eran muy pocos, pero entre 1991 y 1994 se registró una tasa de crecimiento en las mujeres de alrededor del 400 por ciento, mientras que en los hombres es menos marcado; sin embargo, siempre hay más hombres enfermos que mujeres -señala el último informe del Programa Nacional de Lucha contra los Retrovirus del Humano, SIDA y ETS-.

El impacto diferencial de la epidemia entre los hombres y las mujeres también puede verse cuando se analiza la relación entre ambos sexos. En los primeros años de la epidemia se registraron 13 hombres enfermos de SIDA por cada mujer, cifra que disminuyó a 3 hombres por cada mujer en el último período. Esta razón hombre/mujer no es uniforme en el país, ya que existen provincias donde es de 2 o aún menos como Santa Cruz, Chubut, Salta y San Luis; esto significa una incorporación creciente de la mujer como población vulnerable frente al SIDA.

Los niños, que representan un 7 por ciento del total de los enfermos (uno de los porcentajes más altos de América), sufrieron un crecimiento del 515 por ciento entre 1982-1990 y 1995-96, con una discreta caída (16 por ciento) para el bienio 1997-98 debido al retraso en la notificación. Las cifras, en realidad, y por desgracia, son mayores.

Distribución geográfica

Al igual que las demás enfermedades, el SIDA presenta un perfil epidemiológico con una marcada preferencia por ciertas regiones de la Argentina. La distribución geográfica de las personas con SIDA en el país varía de acuerdo con el momento evolutivo de la epidemia. Así, en los últimos años tiende a verse mayor concentración de personas enfermas en la provincia de Buenos Aires, y dentro de esta en el conurbano bonaerense (alrededor del 80 por ciento), seguida por la ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Estas cuatro jurisdicciones sumaban alrededor del 90 por ciento de los enfermos hasta 1993.

Sin embargo, en el período 1994-2000, este porcentaje disminuye alrededor el 86 por ciento, apareciendo un importante número de personas enfermas en las provincias de Mendoza, Misiones, Tucumán y San Juan. Lo cierto es que la enfermedad ahora está efectando más a las personas pobres y con menos recursos, lo que evidencia tal vez que los de sectores más educados y con mejores niveles de ingreso se protegen más con el uso de preservativo en las relaciones sexuales.

Vías de transmisión

En cuanto a la vía de contagio del HIV, en la Argentina se observan diferencias importantes en la evolución de la epidemia entre hombres y mujeres -reporta aquel informe oficial-. Entre los primeros, ha disminuido la proporción de hombres que tienen sexo con hombres pasando del 58 por ciento en los años de 1982-90 a menos de la mitad en los años 1997-98. En cuanto a la transmisión heterosexual que sólo representaba un 5 por ciento en los primeros años, subió al 26 por ciento en el último período.

Entre los enfermos usuarios de drogas inyectables se ha producido un notable aumento entre el período 1982-90 y 1991-92, manteniéndose estable hasta 1997-98 en que se empieza a producir una ligera disminución -continúa el informe-. En ambos sexos ha descendido la transmisión por transfusiones de sangre, aunque en las mujeres es mayor que en los hombres en todos los períodos debido a que en la edad joven las mujeres requieren transfusiones de sangre más habitualmente que en los hombres, especialmente por problemas gineco-obstétricos.

El patrón de contagio del HIV en la Argentina es similar al de algunos países de Europa, como Italia, España y Portugal, en donde los drogadictos intravenosos representan un porcentaje muy importante de los nuevos casos. El 41 por ciento de los pacientes infectados son adictos intravenosos que contrajeron la enfermedad por compartir jeringas.

Tratamientos más efectivos

Desde 1996, año en que comenzaron a utilizarse los tratamientos antirretrovirales de alta eficacia para el SIDA, el diagnóstico y tratamiento precoz a las personas infectadas por HIV no enfermas supuso un gran cambio en la evolución de la epidemia. El control y/o tratamiento en períodos incipientes de la infección, así como las asociaciones terapéuticas de tres o más drogas, logró mejorar la calidad de vida y prolongar los años de vida en forma muy evidente, no sólo entre los enfermos sino también entre los infectados.

Hoy, tras 20 años de convivir con el HIV, Javier confiesa haber tomado consciencia de su enfermedad: "Esto es lo que me permitió cumplir en forma ordenada con los tratamientos actuales, que si bien son más complejos que los que he tomado en años anteriores, también son mucho más eficientes. Gracias a ellos hoy mi carga viral es indetectable. Es por eso que tomo todas las pastillas en los horarios correctos, mantengo una alimentación adecuada y hago actividad física, lo que me permite llevar una vida normal".

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