El <i>Stress</i> y el mundo moderno
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    Lunes, 22 de septiembre de 2014  
           
 
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El <i>Stress</i> y el mundo moderno El Stress y el mundo moderno

La actitud de alerta frente a determinadas situaciones de la vida es un arma de doble filo, que puede tanto salvarnos como enfermarnos. Si la tensión se adueña de su cuerpo, puede internarse en un camino sin retorno. Aprender a controlar el stress parece ser hoy un desafío cotidiano para personas de todo sexo, ocupación y estrato social.

Aunque en la actualidad la palabra stress connota casi automáticamente algo negativo, no significa más que la respuesta del organismo a una demanda real o imaginaria; aún más, stress es todo aquello que nos obliga a un cambio. Entonces, ¿por qué desde hace tiempo los médicos y científicos asocian esta condición con enfermedades?

El stress consiste en una respuesta del organismo ante cualquier suceso, cuando el individuo percibe que las demandas internas, ambientales o ambas, agotan o exceden sus recursos de adaptación. El stress no es algo que nos viene de afuera, es una respuesta o afrontamiento del organismo según una percepción subjetiva. La misma situación puede ser percibida de forma totalmente distinta por una u otra persona.

Las situaciones estresantes, llamadas estresoras, que pueden causar el cambio o adaptación, varían dentro de un espectro enorme. Desde el enojo transitorio a sentirse amenazado de muerte. Un divorcio es usualmente estresante, pero una boda también puede serlo. Es que el stress tiene dos caras: una negativa y otra positiva.

Cuidado!… Peligro! El llamado stress positivo ayuda a enfrentar desafíos o amenazas como un hecho automático y esencial para la vida. Una situación se transforma en stress positivo cuando la persona siente que la puede controlar, puede llevar adelante la tarea que es vista como un desafío. Si, en lugar de vivirla así, la situación se percibe como algo que excede las propias posibilidades la respuesta es lo que se llama stress negativo, con todas sus consecuencias.

Cualquier tipo de circunstancia inesperada que evaluamos como peligrosa, por ejemplo la inseguridad urbana, genera un estado de alerta que produce a su vez una serie de cambios fisiológicos: el corazón bombea más sangre, las pupilas de los ojos se dilatan, manos sudorosas, taquicardia. En este sentido, el hombre del siglo XXI tiene las mismas reacciones que tenía el hombre de las cavernas ante un peligro externo: se prepara para la lucha o para la huída.

El stress agudo que experimentaban nuestros antepasados en el encuentro con bestias feroces puede desencadenarse en nuestros días por situaciones tales como discusiones en el trabajo, peleas conyugales, un examen, un accidente callejero.

La respuesta aguda frente al peligro inminente sigue siendo básicamente la misma: el cerebro envía un mensaje bioquímico (neurotransmisor) que provoca la liberación de hormonas catecolaminas que notifican rápidamente la necesidad de ponerse en acción. Se produce una descarga inmediata de grasas y azúcares que se vuelcan en la sangre para proveer una inyección de energía. Anticipándose al aumento de requerimiento de oxígeno, se acelera la respiración y se incrementan la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Músculos y pupilas, alerta. Pasado el peligro, el organismo vuelve paulatinamente a su normalidad.

Un alto precio

Si el stress agudo se repite muy a menudo y se vuelve crónico atenta contra el sistema inmunológico (stress negativo). De manera sostenida el estómago comienza a recibir menos sangre, también el aparato reproductor y el respiratorio. Los primeros síntomas de stress crónico son los trastornos del sueño y la alimentación.

Las estadísticas realizadas por la Sociedad Americana de Médicos Clínicos revelan que el 70 por ciento de las consultas hechas por la población son debidas a problemas psicosomáticos, cuyo origen es el stress. El 30 por ciento restante es por enfermedades orgánicas de diferentes vísceras.

En el mundo actual hay muchas causas de stress por todos los cambios acelerados debidos al adelanto tecnológico, y a todas las limitaciones de la sociedad de consumo de las que tenemos que responsabilizarnos: la contaminación, la inmunosupresión y la falta de calidad de vida. El stress es un riesgo acelerado de patología, de envejecimiento.

El permanente estado de alarma en el que muchas personas viven, por preocupaciones con fundamentos reales o imaginarios, somete al organismo a reacciones físicas de stress sostenidas en el tiempo, que a la larga favorecen la aparición de enfermedades.

Hay personalidades (la llamada tipo A) impacientes, irritables, muy competitivas, que no toleran el fracaso, y tienen una mayor posibilidad de padecer stress negativo. Paradójicamente, en las empresas los considerados triunfadores son las personalidades de este tipo. Por eso hay tantos ejecutivos jóvenes que hacen infartos.

De acuerdo con los patrones de afrontamiento de la realidad que están descriptos para riesgo cardiovascular, en la persona tipo A predomina la reacción de lucha, pero no se puede luchar todo el tiempo. Es la actitud de los ejecutivos que compiten permanentemente, a un precio muy alto. Es la persona que no se relaja, se exige a sí mismo y a los demás. No hay fin de semana, pero cuando llega el agotamiento baja el rendimiento, aparecen la enfermedad y la muerte súbita.

La personalidad tipo B, en cambio, opta por la huída, “se traga los nervios”, pero a la larga también enferma. Si la orden del sistema nervioso central es huir, no defender, aparecen errores del sistema inmunitario: diabetes, cáncer, hipotiroidismo autoinmune. La tipo C, puede elegir adecuadamente cuándo luchar y cuándo huir. Esa persona no fija el síntoma, no instala la enfermedad, se maneja mejor frente a la adversidad porque tiene mejor capacidad de adaptación.

Interpretaciones vitales

¿Por qué una misma situación puede resultar terriblemente estresora para una persona y para otra no?

Stress es una autoevaluación desfavorable, en los seres humanos es un problema cognitivo, (en los animales se habla de conducta). Hay una evaluación consciente de que no alcanzan los recursos para enfrentar la situación: dinero, tiempo, afecto. Puede ser cierto o no. Alguien que estudió mucho puede pensar que no sabe lo suficiente para un examen, entonces los nervios y el miedo lo traicionan. Mientras que otro que estudió poco y no está estresado, va con menos exigencias y aprueba.

El componente individual, la herencia, el entorno y las conductas aprendidas son factores que se conjugan y condicionan las actitudes de afrontamiento adoptadas por una persona. Pero nada de esto es definitivo, aclaran las profesionales. Hay buenas noticias: se puede aprender a manejar el stress.

En los talleres trabajo en que cada persona pueda descubrir cuáles son sus conductas de afrontamiento que se repiten en distintas situaciones. Es importante que la persona descubra la manera en que evalúa las situaciones de la vida, hay muchas que objetivamente no son una amenaza, pero por características de la personalidad se las vive como tal. El trabajo grupal es muy útil para realizar este autoconocimiento.

La calidad de vida es muy importante para evitar o controlar el stress, y que hay variables sobre las cuales se puede trabajar: evitar las adicciones como el tabaquismo, llevar una dieta rica en vegetales y reducida en carnes rojas, hacer el ejercicio físico moderado y placentero.

Es muy importante, frente a situaciones estresoras, oponer otras que representen lo contrario. La gente también puede aprender técnicas de relajación para aplicar en momentos de stress. Las redes sociales de apoyo son fundamentales, disminuyen el riesgo de stress crónico. El grupo familiar o de amigos, las actividades grupales de esparcimiento, ayudan a afrontar el estilo de vida que llevamos.

Una serie de vitaminas anti-stress, según diversos especialistas son: la música, el baile, el arte, el descanso, los

   

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