Cuidar el corazón: una sana costumbre
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    Lunes, 20 de octubre de 2014  
           
 
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Cuidar el corazón: una sana costumbre Cuidar el corazón: una sana costumbre

La enfermedad coronaria, médicamente denominada cardiopatía isquémica o coronariopatía, es la forma de afección cardiovascular más frecuente y la mayor causa de muerte en los países industrializados de occidente. Es responsable de casi el 30 por ciento de la mortalidad anual. Sin embargo, aunque actualmente las enfermedades coronarias se hayan convertido en una epidemia, son potencialmente curables y, hasta en la mayoría de los casos, prevenibles.

Los especialistas hablan de un aumento de la cantidad de personas que padecen este tipo de problemas. En la Argentina, por ejemplo, desde el Ministerio de Salud de la Nación se han instalado anteriormente programas de prevención de enfermedades cardiovasculares, pero carecieron de continuidad en el tiempo. El objetivo siempre buscado es que la población tome conciencia de que la barrera más eficaz para evitar los problemas del corazón, es mejorar “la calidad de vida” de los individuos.

A esta altura de la historia de la medicina, los enfoques clínico y de salud pública para la prevención primaria son complementarios: prevenir es curar. El médico ya no tiene que atender la enfermedad, sino la salud. Hay que mejorar la prevención.

La prevención primaria se define como la orientación dirigida a individuos sin enfermedad cardiovascular conocida. Según la “Guía para la prevención primaria de las enfermedades cardiovasculares”, aprobada por la American Heart Association de los Estados Unidos, el primer objetivo es evitar la aparición de factores de riesgo cardiovasculares (FRC) que son los que predisponen a contraer las enfermedades coronarias: la hipertensión arterial, el tabaquismo y los niveles elevados de grasas en la sangre (sobre todo el colesterol), considerados determinantes mayores; pero también se debe tener en cuenta la edad avanzada, el sexo masculino, el sedentarismo, la obesidad y el stress laboral o emocional.

Las distintas intervenciones sobre los FRC apuntan a lograr el abandono del cigarrillo, el control de la presión arterial con valores por debajo de 140/90 mmHg (milímetros de mercurio), alcanzar niveles iguales o menores a 200 miligramos de colesterol total por decilitro de sangre -con valores menores a 160 o 130 miligramos de LDL (lipoproteína de bajo peso molecular y conocida popularmente como “colesterol malo”). También se recomienda aumentar la actividad física a tres o cuatro veces por semana durante 30 minutos, alcanzar y mantener el peso deseado; finalmente considerar el suplemento estrogénico para mujeres posmenopáusicas con múltiples factores de riesgo para enfermedad coronaria.

La instrumentación exitosa de estas recomendaciones es un proceso de muchos pasos que comprende evaluación, intervención, planificación para el cambio, mantenimiento y seguimiento a largo plazo. La decisión de indicar tratamiento farmacológico requiere una evaluación equilibrada del riesgo, la eficacia, la seguridad y la costo efectividad de la intervención. La medicación para el control de la presión arterial -continúa el especialista- se prescribe para prevenir accidentes cerebrovasculares y enfermedad coronaria. Se debe ser cauto al prescribir drogas que reducen las grasas -hipolipemiantes- para prevenir la enfermedad coronaria en adultos jóvenes que, por lo demás, tienen un riesgo bajo.

Aterosclerosis

La coronariopatía se produce por el deterioro de las arterias coronarias, que son las que le proveen de sangre y oxígeno al corazón. ¿Qué ocasiona estas alteraciones? Las paredes se engrosan porque allí se depositan células grasas y residuos que disminuyen el diámetro y la flexibilidad de la arteria. Desde que el individuo nace, se producen los primeros depósitos de grasa en las arterias y en este proceso cada factor de riesgo juega un papel muy importante. El colesterol, por ejemplo, va formando placas sobre el endotelio (la capa interna de las arterias); la hipertensión endurece más las paredes, complicando la situación; el tabaco puede romper las placas provocando el contacto de su contenido con la sangre y esto ocasionar la obstrucción de la arteria.

Además de las formas de presentación clínica de esta patología -angina de pecho con sus variedades, infarto de miocardio, arritmias, insuficiencia cardíaca y muerte súbita- existe una alta proporción de casos llamados “silenciosos” - isquemia silente, en términos médicos-, en los que la persona no presenta las manifestaciones clínicas características de la enfermedad coronaria. Así, en el ya legendario estudio de Framingham, que desde 1948 se elaboró con el apoyo de los National Institutes of Health en una pequeña ciudad en el noroeste de los EE.UU, además de mostrar cuales eran los FRC, se comprobó que uno de cada cuatro infartos de miocardio, documentado por electrocardiograma, no fue sospechado ni reconocido en su momento.

Numerosos ensayos clínicos demuestran que cuando se actúa de forma enérgica y prolongada sobre los factores de riesgo -hipolipemiantes orales para disminuir los niveles de colesterol, drogas para manejar la hipertensión arterial, o se logra superar el tabaquismo, se reduce la posibilidad de padecer una enfermedad coronaria, pero con escasa repercusión sobre la mortalidad; en otras palabras, no disminuyen significativamente la mortalidad de la población pero mejora su calidad de vida. Al mismo tiempo, existen “evidencias observacionales” con respecto al ejercicio físico y las intervenciones dietéticas, que verifican una importante disminución del riesgo de coronariopatía.

Vivir mejor es posible

La “intervención primaria” establece una prevención precoz que se realiza de forma previa a una manifestación clínica de la enfermedad. En la “intervención secundaria” se intenta, por el contrario, influir de forma eficaz en la evolución de la enfermedad ya establecida. El objetivo de las medidas preventivas es no esperar a que se produzca el incendio para entonces llamar a los bomberos. Es necesario conocer previamente los peligros que acechan a cada persona, y prevenir de forma precoz grandes lesiones o consecuencias

La mera generalización de zonas de “no fumadores”, una educación consecuente para el abandono del tabaquismo, así como la prohibición de la publicidad de tabaco, junto con una educación sobre las “formas de vida saludable”, salvarían más vidas humanas que el más estricto seguimiento de terapias farmacológicas.

Por lo general, se recomienda como dieta cardioprotectora una alimentación equilibrada, acentuadamente vegetariana y rica en fibras, como pan integral, negro o de salvado, cereales, frutas, verduras; también garbanzos, habas y lentejas.

Las personas con niveles altos de colesterol en sangre - hipercolesterolemia, en el lenguaje médico- también deberían recibir un consejo dietético exhaustivo. El grupo de expertos del National Cholesterol Education Program, basándose en las recomendaciones de la American Heart Association, ha propuesto un tratamiento dietético en dos etapas. En la primera, de tres meses de duración, se recomienda que las grasas constituyan un 30 por ciento de la ingesta calórica diaria, representando las grasas saturadas un máximo del 10 por ciento. En la dieta de inicio se recomienda que el aporte de colesterol diario se limite a 300 miligramos. Si después de tres meses de seguir esta dieta, persiste la hipercolesterolemia, se pasa al segundo nivel, en el cual el aporte de grasas saturadas se reduce a un 7 por ciento, y el de colesterol a menos de 200 miligramos por día. Se puede decir que una alimentación más pobre en carne, embutidos y huevos -fuente principal del aporte de colesterol en la dieta- es más beneficiosa. Sobre la base de los datos epidemiológicos disponibles, se recomienda aumentar el consumo de pescado como plato principal, ya que a los ácidos grasos omega-3 que contiene se les atribuye u

   

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