Adicción a tranqulizantes y anorexígenos
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Miércoles 23 de Abril de 2014  
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El stress crónico, la tiranía de los cuerpos magros así como factores psicológicos individuales y familiares favorecen, de la mano de profesionales proclives a rrparir recetas de manera generosa, el aumento del consumo indiscriminado de medicamentos para adelgazar o disminuir la ansiedad. Contrariamente a la tendencia actual, estos psicofármacos deberían estar sólo indicados en casos muy precisos, diagnosticados y supervisados por médicos idóneos porque, de lo contrario, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Así, se llega a la adicción. Se habla de adicción cuando el consumo de una sustancia se hace imprescindible, y la interrupción abrupta de su administración produce un cuadro clínico que se caracteriza por lo opuesto a lo que produce el medicamento. En el caso de los tranquilizantes, puede ser ansiedad, insomnio, agitación; en el de los anorexígenos aparece apetito incrementado, inquietud, depresión.

La dependencia psicológica es lo realmente difícil de superar en el proceso de deshabituación de una adicción. Para ello, es necesario propiciar cambios en la conducta y emociones de la persona que le permitan funcionar psicológicamente (obtener satisfacción, superar el aburrimiento, afrontar la ansiedad, tolerar la frustración, establecer relaciones sociales, etc.) sin necesidad de recurrir a las drogas.

Pero, a la vez, como la droga se ha incorporado al metabolismo del individuo, el organismo se ha habituado a la presencia constante de la sustancia, de tal manera que necesita mantener un determinado nivel de la misma en la sangre para funcionar con normalidad.

La bibliografía médica explica que una sustancia produce tolerancia cuando es necesario ir aumentando la cantidad consumida para experimentar los mismos efectos. O lo que es lo mismo, cuando los efectos de la misma cantidad son cada vez menores. La tolerancia es un indicio de alteración metabólica, consecuencia de un consumo crónico del que el organismo intenta defenderse.

La cronicidad en la toma de sustancias para adelgazar puede traer cierta dependencia. El cuerpo luego se va acostumbrando, esta es una cierta forma de adicción, pero hay que sopesar cuál es el beneficio que se obtiene. La obesidad es la epidemia del siglo XXI y hoy en día existe consenso acerca de la necesidad de tratarla con medicación, además de la dieta y la actividad física. El tema es cómo lograr un resultado eficaz sin generar la dependencia.

Los casos en los que los anorexígenos combinados con sedantes suaves están recomendados son los de pacientes obesos, es decir, con un exceso superior a los diez kilos, y que presentan complicaciones de la salud asociadas con cuestiones que van más allá de lo estético -artrosis, dificultades en la locomoción, problemas cardíacos, hipercolesterolemia, diabetes, hipertensión. Si el paciente tiene un gran nivel de ansiedad y no puede bajar con la dieta y la gimnasia solamente, se encuentra muy angustiado.

El uso de estos medicamentos, que muchas veces se combinan en recetas magistrales, estaría indicado para muy pocos casos. Respecto de los tranquilizantes – que frecuentemente se dan junto con los anorexígenos para tapar su efecto ansiógeno- los psiquiatras advierte que ocasionan pérdida de la memoria en el largo plazo, y que su uso para evadir los problemas de la vida sólo puede conllevar un pronóstico negativo.

Para los adultos, los tranquilizantes son útiles en determinadas situaciones de stress. Por ejemplo cuando se está atravesando un episodio traumático, como una operación importante. Cincunscriptos a problemas como éstos, los medicamentos en cuestión ayudan.

Efectos indeseados

Los anorexígenos utilizados son drogas que actúan sobre el sistema nervioso central, producen un efecto euforizante, además de disminuir el apetito y la ansiedad. El paciente que los toma puede presentar algunos síntomas indeseados tales como dificultad para dormir, cambios de carácter, taquicardia, palpitaciones, sudoración profusa (en cuero cabelludo, cuello, espalda), dificultades para orinar, boca seca y pastosa, constipación, disminución del deseo sexual, disfunción sexual, alteraciones menstruales. Pero el médico avezado sabe cómo manejarlos con la dosis justa.

Caer en buenas manos y recibir la menor dosis posible de medicación (repartida en el día y apuntalada con dieta y ejercicio), para no apoyarse en la sustancia sino en el esfuerzo diario, son los consejos de oro de los especialistas para evitar la adicción. También se recomienda un diagnóstico psicológico previo del paciente, para saber si realmente está en condiciones de tomar el medicamento o si, en realidad, requiere una psicoterapia.

Si se cumple el objetivo de no generar efectos rebote o síndrome de abstinencia, la persona sigue tomando la medicación en forma decreciente y escalonada. Nunca hay que suprimirla de manera drástica. Tampoco hay que buscar bajar de peso abruptamente con el uso de dosis elevadas de estas drogas.

Se considera que actualmente existe un abuso del consumo de tranquilizantes, y que muchas veces los médicos se sacan a un paciente de encima recetando medicación, en lugar de ayudarlo a que se adecue a las situaciones de la realidad, a afrontar los problemas.

Algunos pacientes y sus familiares pueden mostrar la adicción a diversas sustancias: café, tabaco, alcohol, psicofármacos. De los pacientes, un 30 por ciento consume productos en forma dependiente; cuando se trata de los familiares, el porcentaje de consumo adictivo oscila entre el 25 y el 30 por ciento.

Las personas con patologías alimentarias generalmente pertenecen a familias a las cuales les cuesta mucho enfrentar los problemas. Aunque la adicción puede ser una conducta que se imita, los chicos no sólo aprenden de los padres, hay muchísima influencia y agresividad social, y los más débiles son más suceptibles a caer. También se sabe que la conducta adictiva puede provenir de la herencia genética. Pero incluso en estos casos, la recuperación definitiva es posible.

Tendencias en el consumo

Recientemente la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) recomendó retirar del mercado farmacológico norteamericano la fenilpropanolamina, una sustancia contenida en descongestivos y reductores del apetito. Un estudio coordinado por la universidad norteamericana de Yale sobre la utilización de esta droga en mujeres de entre 18 y 49 años que querían adelgazar reveló que aumenta la frecuencia de accidente cerebrovascular o stroke, una lesión que normalmente deja algún tipo de discapacidad.

Esta sustancia es una droga muy activa; un anorexígeno de la serie de las anfetaminas, que tiene su misma acción: disminuye el apetito y aumenta el consumo metabólico de glucógeno y grasas. Pero también puede causar lesiones vasculares, al igual que otras sustancias vasoconstrictoras, como la cocaína. Por eso, la lógica de su mecanismo de acción hace posible que produzca un stroke.

Otros especialistas minimizaron el aspecto negativo de la droga diciendo que todos los medicamentos tienen contraindicaciones, pero el médico evalúa una ecuación riesgo-beneficio. Esta sustancia, afirman, tiene bastante eficacia y pocos efectos secundarios, siempre que se emplee correctamente. Esto es, por ejemplo, no recetarla en personas hipertensas o con arritmias cardíacas no controladas.

Algunos datos:

  • Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, reveló que el consumo de una droga que sirve para calmar a los niños hiperactivos, se incrementó en un 150 por ciento en chicos de entre 2 y 4 años. En los Estados Unidos, donde 3 millones de menores toman regularmente metilfenidato para estimular el sistema nervioso central contra la hiperactividad, surgieron voces de alarma que buscan revertir la tendencia actual a la medicación